28 noviembre 2008

Día 201 desde la infección

El patrol funcionó a la primera. Sus cristales blindados y sus barras protectoras protegían de los zombis eficazmente.
No fue sencillo salir de ahí, miles de muertos vivientes se habían ido acercando a la cárcel durante esos meses atraídos por el olor de sus cuerpos vivos. Jesus conducía el todo terreno despacio procurando atropellar a los máximos posibles pero sin que consiguieran volcar el coche. Una vez en la autovía, tampoco fue fácil, los coches habían quedado atrapados en un tremendo atasco y los zombis habían conseguido atacar a todos los conductores. Como consecuencia, en cada coche había al menos un zombi atrapado por el cinturon que sacaba los brazos por la ventanilla.
Jesús tuvo que ir por el arcén, en los lugares en los que el arcén era demasiado estrecho o un coche lo bloqueaba, tenía que acercarse y empujarlo fuera de la carretera con cuidado. Por suerte contaban con un coche muy pesado y resistente. De esta manera consiguió llegar al principio del atasco: un autobús de la tercera edad lleno de zombis que se había quedado cruzado en la carretera. Lo sorteó saliendose de la carretera y volviendo a entrar más adelante. Otros conductores lo habían intentado con turismos, pero se habían quedado atrapados. Una vez pasado el atasco, los zombis eran menos numerosos y pudo llegar sin problemas a una estación de servicio. Las puertas estaban abiertas y no había sufrido muchos saqueos, por lo que quedaban muchas latas en conserva y chucherías. El policía cogió también tabaco y unas revistas pornográficas.
Cargaron con toda el agua que pudieron y llenaron el deposito. Por suerte, alguien había llegado antes y había colocado una bomba manual en los depósitos de combustible. No llegó a conseguirlo, porque al lado de la bomba vieron sus huesos, pero su acción probablemente había salvado muchas vidas que habían llegado después.
Salieron corriendo cuando escucharon los gemidos característicos de un zombi que se había percatado de su presencia. Llegaron a una ciudad. El policía retirado indicó a Jesús cual era la armería más cercana. Estaba cerrada, pero con ayuda del cable de acero del patrol pudieron arrancar la puerta. Dentro habían armas para todos los gustos. Jesús cogió un rifle winchester y toda la munición que encontró. Además de una mira telescópica. Cogieron munición para el arma del yonki y para el subfusil. Encontraron cuchillos de caza muy útiles para todas las situaciones. Cogieron también ropa militar y botas de sus números y sobretodo del número de la niña, que llegó a la cárcel con unos zapatitos muy poco resistentes.
Después fueron a la farmacia y cogieron antibióticos de amplio espectro, analgésicos, calmantes, material de sutura, compresas y tampones.
Ya habían hecho demasiado ruido y los zombis no tardaron en aparecer. Tuvieron que correr para llegar al coche. Las calles eran estrechas y cientos de zombis las abarrotaban. Corrían el riesgo de que las ruedas se vieran atrapadas en los montones de carne que el patrol dejaba a su paso.
Finalmente, salieron a campo abierto y pudieron llegar a la autovia de nuevo. Con el coche cargado, circular por el andén era más peligroso, pero consiguieron llegar a la puerta de la cárcel.
El yonki encendió la radio y les informó de la situación: En las doce horas que habían tardado, él había contado quinientos zombis entrando por la puerta. Tenía cien balas en la torre solamente.

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