28 agosto 2008

La Historia de Alicia I

El sistema de energía solar seguía funcionando sin problemas y podía permitirse, por tanto, agua corriente y caliente todos los días, así como energía para cocinar o ver alguno de sus DVDs de la colección de comedias románticas que había hecho en sus saqueos semanales.
Alicia era consciente de que el más mínimo fallo del sistema haría que todas esas comodidades se fueran al garete. Así que por las noches aprovechaba para leer libros sobre electricidad y energía solar. Uno de sus proyectos pendientes era instalar un aljibe para aprovechar el agua de lluvia, ya que el agua corriente provenía de un depósito en lo alto de la montaña que debía ser llenado por un pozo, pero la bomba del pozo requería demasiada energía y sus placas solares no daban para tanto.
En cuanto a la alimentación no tenía demasiados problemas. Las latas que saqueaba aun les quedaban tres años para caducar y el chalet de su padre tenía un pequeño huerto con el riego automatizado y un corral con gallinas. Para una sola persona, mantener el huerto no suponía demasiado esfuerzo y los sobrantes eran para las gallinas. Alicia nunca mataría una gallina, por lo que no comería carne fresca, pero los huevos frescos eran todo un lujo teniendo en cuenta que hacía más de dos años desde la infección.
No tardó en aprender a usar la radio de su padre, ya que el teléfono móvil dejó de funcionar dos días después de cuando escapó del almacén de ferretería. Todas las tardes, después de comer, recorría todas las frecuencias por si alguien estaba intentando comunicarse. Sin embargo, lo único que había escuchado en esos dos años fue un mensaje grabado de socorro enviado desde una cárcel que dejó de oírse al mes de la infección.
Cada vez eran menos los infectados que se acercaban al chalet, y la verja electrificada había hecho que nunca pasaran al interior del jardín. Pero Alicia nunca dejaba de tener el rifle de su padre a mano, por si acaso. Muchas veces, cuando habían demasiados infectados intentando entrar, Alicia tenía que dispararles a la cabeza. Gracias a la distancia de la verja a la casa, el olor a putrefacción era soportable. Además, descubrió algunas técnicas como echarles cal viva por encima para que la descomposición fuera más rápida e higiénica.
El Hummer rosa había sido un gran idea, meses atrás, encontró un camión cisterna lleno de gasolina en una carretera cercana y lo llevó a su casa, por lo que calculaba que tendría gasolina para 20 años. Había aprendido a la fuerza a cambiar las ruedas y tenía algunas nociones de mecánica, aunque tenía otro Hummer localizado para cuando este empezara a fallar.
El dos de agosto del año dos se levantó como todos los días, se puso sus pantalones vaqueros y una blusa azul con flores que encontró en su tienda favorita. En circunstancias normales le habría costado 150€, pero dada su situación, sólo tuvo que despachar a su antigua amiga, la dependienta convertida en zombi, con un tiro en la frente. Fue a la cocina donde preparó unos huevos con una rica ensalada de productos de su huerto. Algo hacía un ruido raro fuera. Puede que la bomba de la depuradora de la piscina ya empezara a fallar. Era un fastidio, ya que en ese caso tendría que dejar de darse un baño cada tarde, como era costumbre. El ruido aumentó. En dos años no había escuchado ruido de motor alguno que no fuera el de su Hummer, pero eso le recordaba más a un motor de explosión que a una bomba eléctrica fallando. Cogió el rifle y salió a la calle. El jardín de su casa y la verja estaban intactos, como reflejaba el display del sistema de alarmas centralizado. Ningún sensor interno había saltado, por lo que era muy improbable una infiltración de algún zombi. El ruido aumentaba por momentos, ya no había duda, era un todo terreno que se acercaba por el camino de su chalet. Hasta el momento no había visto a ningún infectado capaz de conducir, pero no podía permitirse el lujo de fiarse. El todo terreno resultó ser un Nissan Patrol con la chapa muy estropeada en la que todavía se podían distinguir los colores de la guardia civil. A bordo había un hombre con barba de muchos días y muy sucio. Llegó a la puerta metálica del chalet y bajó del coche con un subfusil en la mano y en la otra un casco de antidistubios. Menos el casco, vestía un uniforme completo de antidisturbios. Alicia permanecía inmóvil apuntando a la cabeza del hombre tras unos matorrales.
- ¿Hay alguien? - Gritó el desconocido. Alicia no respondió, pero estaba segura de que no era un infectado, ningún infectado podía hablar.
- Vengo desde muy lejos, anoche vi luces en esta casa. - Siguió gritando el hombre. Alicia salió de los matorrales.

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1 Comentarios:

Anonymous el kebac infectat.. Dijo...

Jeje pareixa la de 28 dias, Jeje i al final Se Eapanyolit-za cuant apareix la guardia civil i el patrol. Jeje Poso-li un bou infextat o un curro jimenez infectat.. Jeje esta chulo a vore com acaba..

1/9/08 23:31

 

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