19 enero 2008

Dentro de muy poco IV

El III aqui.
Jesús estaba sentado en su celda cuando esta se abrió. Se abrió como las de todos los demás presos a una hora no acostumbrada. Nadie dijo nada por megafonía, ni siquiera había funcionarios de prisiones vigilando los pasillos. Salió al pasillo de la carcel y vió que estaban solos y las puertas estaban abiertas.
Todos los presos salieron corriendo. Jesús andaba más tranquilo hacia el despacho del director de la penitenciaría. Todas las puertas abiertas y ni un funcionario. Desde el despacho del director se veía la puerta principal, por ella salían sus compañeros de pasillo.
Jesús fue legionario, pero lo pillaron pasando hachís y le invitaron a dejar el ejército. Luego fue portero de discoteca hasta que le cogió la policía pasando cocaína a los clientes de la misma. Desde entonces, y gracias a un nefasto abogado, estaba en Picassent cumpliendo condena.
El despacho del director del centro penitenciario estaba un poco desordenado, como si hubiera cogido lo más imprescindible y se hubiera largado. Encima de la mesa vio un ejemplar del Mundo en el que hablaba de una extraña epidemia que resucitaba a los muertos y que se contagiaba por un mordisco. Y de la inusitada violencia de los infectados.
Volvió a mirar por la ventana i vio a sus compañeros entrar otra vez. Todos tenían sangre por encima y caminaban torpemente. Jesús comprendió que habían sido infectados allá fuera. Seguramente algún funcionario antes de huir tuvo la delicadeza de abrir las puertas para dar una oportunidad a los presos de salir con vida. Pero todos menos él se habían equivocado en la forma de salir con vida de ahí.
Cogió una porra de guardia de seguridad y se dirigió a donde guardaban las armas de fuego. De camino se encontró con uno de los infectados. Era su amigo Miguel, preso por gerontofilia. Miguel era el único amigo en esa cárcel, teniendo en cuenta el concepto de amistad que se puede fraguar en un sitio como ese. Pero ahora era un puto zombie que quería comerse su cerebro. Jesús le pegó con la porra detrás de las rodillas y lo tiró a tierra. Luego le aplastó la cabeza con un extintor.

- Los zombies son como borrachos de discoteca, sólo que muerden. - Dijo Jesús mientras seguía caminado hacia el arsenal.

Una vez en el arsenal se puso un traje de anti disturbios y cogió un subfusil y suficiente munición. Luego fue al lugar donde se controlaban las puertas de la prisión y cerró la principal. Pero dentro de la cárcel ya habían muchos zombies.
Tardó un día entero en asegurarse de que no quedaba ni uno en pie. A todo el que encontraba le disparaba desde lejos justo entre las cejas. Por algo era el mejor tirador de su promoción. En algún momento estuvo en peligro real cuando se le acercaban demasiados. Pero él nunca estaba en espacios abiertos y controlar una multitud en un estrecho pasillo era mucho más fácil para un legionario solitario.

Durmió dentro de una celda cerrada, era el lugar más seguro. A la mañana siguiente tomó una determinación: Era consciente de que había sido un peligrosos traficante y de que no estaba totalmente rehabilitado de sus adicciónes. Pero era un legionario, coño, un caballero legionario, un novio de la muerte. Y ahora mismo, España estaba en peligro. Su obligación era luchar hasta la muerte y defender el estado constitucional. Lo primero son los civiles, hay que salvar a los civiles que queden vivos.
Así que se vistió de anti disturbios, cogió el subfusil y fue al centro de comunicaciones. Encendió la radio y dejó un mensaje en todas las frecuencias:
"Atención, la carcel de Picassent desde ahora está libre de muertos vivientes. Todo aquel que quiera vivir que venga, tendrá cama, seguridad y algo de comida."

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